jueves, 15 de agosto de 2013

¿Hablan los psicólogos de psicoanálisis?

Desde que Freud comenzó a fascinarse por el método empleado por Breuer en el tratamiento de Anna O. y de otras pacientes histéricas, comenzaban a sentarse las bases de lo que hoy se conoce como psicoterapia o psicología clínica.

El trabajo del psicólogo (en aquellos tiempos del médico) dentro de una sesión clínica se reduce a una fórmula: dos personas que, encontrándose en un lugar específico, en un día puntual y en un horario acordado por ambos; charlan. Lo que hace particular este encuentro es que uno, el paciente, habla sobre sus afecciones y el otro, el profesional, escucha y habla sobre lo mismo pero desde una óptica científica.

Hago esta introducción para resaltar que, aunque hoy en día las diversas escuelas psicológicas ataquen al psicoanálisis, no puede olvidarse que todas ellas, sin excepción, parten innegablemente de él, ya sea renombrando y adecuando los métodos originales (detección de PAN´s en la TCC, o la terapia centrada en el paciente de Rogers, por ejemplo), o atacándolos directamente como lo hace el conductismo. Además, por si fuera poco, son varios los referentes en Psicología que, originalmente, intentaron ser psicoanalistas (Jung, Ellis, Frankl, etc.). A partir de todo esto, entonces, uno podría suponer que los psicólogos no hablan de psicoanálisis; y eso pensaba yo.

Veía hace poco en internet, una edición del programa Diálogos en confianza, en el que participaron cuatro profesionales (un especialista en desarrollo humano y productividad, un maestro en desarrollo humano, una psicoterapeuta humanista existencial y una psicoanalista) en el abordaje del tema Tengo miedo a equivocarme. Sin inmiscuirme en el contenido, sólo quiero referirme a lo que de este encuentro me resultó más interesante con respecto a lo más arriba mencionado. Si bien se sabe que el término distintivo en psicoanálisis es “inconsciente” (primero entendido como un espacio psíquico y luego como una condición-cualidad psíquica), durante el programa, la psicoanalista fue la única de los cuatro invitados que no mencionó, en una sola ocasión, las palabras “psicoanálisis” ni “inconsciente”. Por otro lado, los dos varones, emplearon constantemente la palabra “inconsciente”, mientras que la psicoterapeuta humanista citó* a Irving Yalom, autor de El día que Nietzche lloró, novela de decidida naturaleza psicoanalítica.

¿Hablan, entonces, los psicólogos de psicoanálisis? Claro que lo hacen, muchas veces sin saber, sin conocer(se)lo. No todos los psicólogos y psicoterapeutas tienen que ser psicoanalistas, pero sí resulta útil (y hasta ético) conocer los orígenes de su disciplina y sus “novedosas” vertientes. Hay cosas que se dijeron hace mucho. Es bueno enterarse. También en el ámbito profesional.

Hasta el próximo jueves.


Psic. Juan José Ricárdez.


*Incluso lo citó como “psicoanalista existencial”, cuestión que es un error ya que Yalom, aunque sí es psicoterapeuta, no es psicoanalista.



REFERENCIAS

CanalOnceIPN (2013) Diálgos (Saber vivir)-Tengo miedo a equivocarme. Recuperado de http://www.youtube.com/watch?v=-tCgoOJ70oU el 20 de julio de 2013.



viernes, 9 de agosto de 2013

Hostilidad entre hermanos: dos casos de elaboración del conflicto

El tema de la hostilidad entre hermanos es uno de los más complicados, puedo imaginarme, a que se enfrentan los padres en el trato con sus hijos. Pensar en que los hijos, esos seres a los que se da la vida y que se procuran por igual, alberguen deseos destructivos entre ellos, ha de ser algo nada sencillo de procesar. No obstante, y por más complicado que resulte, el surgimiento de esta atmósfera de encono es fácilmente observable.

Hace algunos meses, una médico, compañera de trabajo, se acercó a mí para comentarme que estaba preocupada por su hijo mayor. El pequeño tenía tres años y parecía ir bien todo con él; sólo que, desde hacía algunos días, había empezado a mostrar un comportamiento diferente: reñía en la escuela, se había vuelto desobediente con sus padres y había dejado de controlar esfínteres. Cuando me explican que el comportamiento de un niño cambia de este modo, la pregunta que hago generalmente (ya sea a los padres o a los propios niños que atiendo) es si ha nacido, recientemente, algún hermanito o bebé cercano al niño. Casi siempre resulta que sí. Lo único que recomendé a la médico fue que le hiciera saber a su hijo mayor que ella y su esposo sabían que estaba enojado, que entendían que lo estuviera, que podía estarlo; pero que no podían permitir que dañara a su hermano. Además, en estos casos, es muy importante hacer énfasis en que los logros del hijo mayor también son valorados, que él mismo lo es.

Pocos días después me dijo que todo iba mejor.

Los niños elaboran, con los recursos que tienen, las complicaciones que se les van presentando. En otra ocasión, un niño (éste sí era mi paciente), fue llevado a consulta porque su comportamiento agresivo había llegado a tal grado, que la escuela había puesto como requisito, para aceptarlo en el siguiente ciclo, que “fuera al psicólogo.” (Una reacción bastante violenta frente a la violencia del niño). Tuve oportunidad de verlo durante pocas sesiones. No obstante, en la última (ninguno de los dos sabíamos que lo era), platicamos bastante sobre su comportamiento violento, sobre cuánto le gustaba que sus compañeros le tuvieran miedo, y cómo llevaba a cabo sus agresiones. Era hijo único, pero recientemente había nacido un “primito” suyo en la casa en donde vivían varios miembros de la familia.

No hubo tiempo de explorar más porque el tratamiento fue interrumpido, pero había fuertes indicios de que este evento (el nacimiento de su primo en un contexto tan próximo), jugaba importantemente para el surgimiento de esta conducta. Lo más significativo para pensar de este modo, sin duda, fue cuando, al explicarme cómo agredía a sus compañeros me dijo: “los correteo y cuando los alcanzo, me gusta pegarles aquí”, y señalaba la panza en su cuerpo, curiosamente el área del vientre.

Hasta el próximo jueves.



Psic. Juan José Ricárdez.

viernes, 2 de agosto de 2013

El papel de la verdad en la psicología clínica

Esta vez, y a partir de un texto de Miller en el que expone, analiza y explica una sentencia de Lacan, he decidido escribir sobre un tema que, ciertamente, podría resultar de mucho mayor interés filosófico que clínico:

Pero aun cuando el hombre no tuviese ciencia, aun cuando sólo tuviese opiniones, sería preciso que se aplicase mucho más todavía al estudio de la verdad; al modo que el enfermo se ocupa más de la salud que el hombre que está sano. (Aristóteles, 2011, p. 117)

No obstante, el abordaje de la verdad resulta determinante en cada momento de la vida, y la concepción que cada uno tenga de lo que ésta es, sin duda, determinará el modo empleado para buscarla. En las palabras de Aristóteles, se hace hincapié en el interés que el hombre debe tener en esta búsqueda. El psicoanálisis por su lado, si algo hizo, y sobre todo después de que Freud abandonara su teoría del trauma infantil para poner más atención a las fantasías, fue indicar en dónde habría de buscarse la verdad: dentro de uno mismo, en el inconsciente.

Miller (1988) comenta que Lacan, en una charla para la televisión francesa, dijo: “Yo digo siempre la verdad: no toda, porque de decirla toda, no somos capaces. Decirla toda es materialmente imposible: faltan las palabras. Precisamente por este imposible, la verdad aspira a lo real.”

Lo real, explicado burdamente, sería lo inaccesible, lo inconsciente, la verdad más profunda de cada sujeto que sólo alcanza a ser expresada mediante la palabra, el lapsus o el síntoma. Lacan (siguiendo a Freud) pensaría que es ahí en donde está la verdad. Pensada así, la verdad sería entonces una aspiración de alcance imposible.

Cómo saber qué es la verdad, y sobre todo cómo saber en dónde encontrarla. Lo que destaco de la postura lacaniana, frente a ella, es la modestia con que se le concibe. Uno no sabe nada de uno mismo y ese desconocimiento es el que finalmente hace funcionar al hombre en la realidad que le acontece. Pero, recordando a Aristóteles, podemos concluir que funcionar a partir de una desocupación de la verdad es una irresponsabilidad.

La gente dice la verdad porque tiene un lenguaje. El psicoanálisis, resumiendo su objetivo clínico, representaría una oportunidad para que el sujeto se entere de la verdad que lo desborda. No es éste un trabajo fácil, pero ninguna responsabilidad tiene por qué serlo.

Hasta el próximo jueves.


Psic. Juan José Ricárdez.



REFERENCIAS

Aristóteles (2011) Metafísica. Madrid: Globus.
Miller, J. (1988) El psicoanálisis, su lugar entre las ciencias recuperado de http://psicoanalisisyciencia.wordpress.com/documentos/el-psicoanalisis-su-lugar-entre-las-ciencias/ el 12 de junio de 2013.