jueves, 17 de julio de 2014

La época de lo inmediato

En el más reciente número de la revista Atlas, se puede leer, dentro de la sección cómica (más bien sarcástica)  denominada Mentalísima, un artículo titulado Avances en salud mental en el que, entre otras cosas, se explica una nueva propuesta terapéutica: “Las terapias ultrabreves”. Reproduzco íntegra la pequeña explicación:

En los tiempos venideros nadie quiere pasarse meses hablando de sus conflictos familiares o personales. Las terapias ultrabreves consisten en un encuentro de cinco minutos donde se aplica el Cuestionario del Tío en Situación Social para resolver conflictos. “¿Cómo te llamás? ¿De qué cuadro sos? ¿Tenés novia/o/x? ¿A quién querés más, a mamá o a papá?”. (p. 27)

Esta simpática propuesta hace un señalamiento, como todo lo gracioso, a una verdad que se impone: vivimos la época de lo inmediato.

El sistema capital y los desarrollos tecnológicos han promovido la tendencia humana a la búsqueda de lo inmediato (¿o han sido consecuencia de éllo?). La gente no muestra, en estos días, mucha disposición a esperar, se ha acostumbrado a las respuestas rápidas. Por un lado, la tenencia de dinero genera la ilusión de que se tiene el derecho de comprar lo que uno desee: ropa, comida, empleados, salud, etc.; en el otro sentido, el de la tecnología, es evidente que internet representa la consumación ilusoria de la satisfacción inmediata: la gente puede hacer trámites, revisar cuentas, y hasta procurar su salud al ritmo de un clic. Si internet falla (se alenta en computadoras o celulares) ocurre una hecatombe: los rencores se proyectan, la agresión permea el ambiente (virtual y real), y la omnipotencia soñada recibe un doloroso rasguño[1]. Los sistemas de mensajería indican el momento en que el mensaje ha sido enviado y el momento en que el destinatario lo ha visto; es decir, se evita la incertidumbre común de “¿le habrá llegado mi mensaje?, ¿lo habrá visto?”. Con esta respuesta (falsamente) tranquilizadora, el remitente se siente mejor.


En psicología la dirección no es distinta. Cada vez surgen nuevas alternativas terapéuticas que suelen tener como denominador común el mismo beneficio para sus clientes: la brevedad. Incluso el psicoanálisis (investigación psíquica interminable) ofrece hoy en día modalidades alternativas breves o de plazo fijo[2][3].
Tanto en el ámbito psicológico como para pensar la vida en general cabe preguntarse: ¿la dinámica de lo inmediato es el motor que genera los movimientos del mundo y la humanidad actuales?, ¿o es la consecuencia de que estas generaciones temamos, como nunca antes, a la investigación de lo profundo, de lo esencial, de lo importante? Quisiera saberlo; seguramente tendré que ser paciente.

Hasta el próximo jueves.

Psic. Juan José Ricárdez.



Referencias

Centro Eleia (2012) Video del taller: Intervención en crisis. Imparte: Marisa Madrigal. Recuperado de http://vimeo.com/33139742.

Zurita, M. (2014) Avances en salud mental. Atlas. (2), 27.






[1] En días recientes se ha manifestado en redes sociales una gran preocupación por la que sería, y hoy es, la versión final de la legislación secundaria en materia de radiodifusiones y telecomunicación. Los preocupados cibernautas comentan que la verdadera intención y potestad de esta ley (mejor conocida como Ley Telecom) es la de legalizar la capacidad censuradora del Estado cuando los contenidos (específicamente los de internet) no resulten de su conveniencia. No puedo, ubicado en el contexto de esta entrega, dejar de preguntarme: ¿realmente se teme a la censura, o existe un enojo infantil porque el Estado pretende salpicar de realidad el mundo virtual?; pienso este asunto recurriendo a la analogía del adolescente que se molesta con los papás que hurgan en su alcoba.
[2] Véase en Teoría y técnica de la psicoterapia psicoanalítica de Coderch, o en Los fundamentos de la técnica psicoanalítica de Etchegoyen, las diferencias entre psicoanálisis y psicoterapia psicoanalítica; y el método de intervención de emergencia de Fromm-Reichmann en Psicoterapia de emergencia.
[3] “Muchas veces decimos: “¿cómo es que en psicoanálisis podemos hacer intervención en crisis? No, no con el psicoanálisis como técnica que ejercemos como terapeutas, como psicoterapia psicoanalítica, como psicoanalistas; o sea, con esa técnica no; pero sí con los fundamentos teóricos” (Eleia, 2012).

viernes, 4 de julio de 2014

Psicopatología de la vida futbolera: Óliver Átom (Parte III)

Por último habrá que mencionar unas palabras con respecto a la teoría de que, realmente, todo cuanto ocurrió en la serie, ha sido un sueño de Óliver. Si nos pusiéramos empíricos, podríamos descartar enérgicamente esta afirmación ya que no hay evidencia material que demuestre que la versión es verdadera; no obstante, al no ser partidarios de una “ideología de la ciencia” como lo es el empirismo, sólo se nos ocurre preguntarnos: ¿por qué a pesar de no haber evidencia sensible de que la historia de los Súpercampeones fue un sueño de Óliver, no nos atrevemos a negarlo decididamente?, la respuesta es, sencillamente: porque si hubiese sido un sueño todo tendría más sentido.

Recordemos que Freud nos explica que “una vez llevada a cabo la interpretación completa de un sueño se nos revela éste como una realización de deseos” (1981, p. 159).  ¿Qué deseó se significó en el gran sueño de Óliver?, todos los propios de su estructura caracterológica (narcisística-autísitca). Primero, podemos partir de la sensación generalizada entre el público de la serie de que las nociones de tiempo y espacio son decididamente irreales. Mientras Óliver conducía el balón, se daba tiempo de pensar en muchas cosas, recordar, analizar y decidir. Las canchas de futbol de la caricatura tendría que haber tenido dimensiones mucho mayores a las aprobadas por la Fifa[1] si se toma en cuenta la velocidad a que corren los jugadores y el tiempo en que avanzan. Es decir; existe en esta historia, como en el inconsciente revelado en los sueños, una ausencia total de temporalidad y espacialidad; nociones que, en cambio, sí están en la realidad material a la que se accede durante la vigilia.

Un segundo elemento es el protagonismo del soñante. En su Psicoanálisis de los cuentos de hadas, Bettelheim nos explica cómo el niño se identifica con el héroe de los cuentos, identificación que le resulta muy útil para enfrentar la vida cotidiana (1988). En los sueños infantiles, es común escuchar que el niño fabrica una historia de la cual él es el protagonista[2], tal como Óliver lo hace. Si resultara verdad el hecho de que Óliver (el soñante) había perdido las piernas, toma particular importancia el hecho de que el sueño sea, precisamente, uno que trata de éxitos en una actividad en la que estas extremidades son imprescindibles[3]. Según Adler:

el niño nace con un potencial intrínsecamente bueno. Pero existen factores que pueden impedir el desarrollo sano del Sentimiento de Comunidad en el niño. En vez de sentirse aceptado, apreciado y querido, el niño puede llegar a tener la convicción de que vale menos que las demás personas, que es menos querido, menos aceptado, o menos fuerte. Estos factores pueden ser de índole orgánica (una “minusvalía de órgano”), es decir, debido a problemas de salud, a una disminución psíquica o a una discapacidad física. (Oberst, Ibarz y León, 2004, p. 37)

Y para hacer frente al dolor del sentimiento de inferioridad, que es siempre:

un sentimiento doloroso y difícil de tolerar, los humanos tienden no sólo a compensarlo, sino incluso a sobrecompensarlo: (…) Y nace el afán de superioridad, o afán de poder. De modo que el afán de poder, tan asociado con el nombre de Adler, no es algo natural en una persona psicológicamente estable; es la expresión patológica de un individuo que en el fondo se siente inferior, excluido, minusválido. (Oberst et al., 2004, p. 38)
Óliver sobre compensa en su gran sueño y salda sus limitaciones a través del futbol: 1) enfrenta su tendencia autística y consigue conocer gente, interactuar con otros, hacer amigos (y rivales lo cual también es un modo de relacionarse); 2) consigue un desenvolvimiento físico extraordinario, realizando piruetas imposibles para los demás; y 3) se forja un narcisismo robustecido que le impide experimentar el sentimiento original de inferioridad por su discapacidad. Este narcisismo, es simbolizado claramente cuando Óliver brinca a muchos metros de altura, ya que desde ahí ve “hacia abajo” a los demás, y estando arriba, todo se ve “muy pequeño”.

El narcisismo patológico de Óliver es generador también de ansiedades persecutorias representadas por sus rivales, los cuales siempre le observan como alguien a derrotar (algunos más sádicos como Steve); pero particularmente es Andy quien le impacta. Este chido, con una afección cardíaca, paraliza el cuerpo de Óliver; quizás un poco por identificación con una persona de salud disminuida (recordemos que estamos en la hipótesis de que la historia es un sueño), y un poco por temores de la venganza del objeto (más o menos al estilo del Vegano): si lo mato después vendrá a matarme.

Son éstas las consideraciones que hasta el momento podemos compartir; si todo ha sido un sueño hasta ahora, tal vez nunca lo sabremos.

Hasta el próximo jueves.


Psic. Juan José Ricárdez.


Referencias

Bettelheim, B. (1988) Psicoanálisis de los cuentos de hadas. Distrito Federal: Grijalbo.
Fifa (2012) Reglas de juego. Zúrich: Fédération International de Football Association.
Freud, S. (1981) La interpretación de los sueños I. Distrito Federal: Iztaccíhuatl.
Leal, V. (2011) Ejercicios de escritura. Distrito Federal: Ediciones de la noche.
Oberst U., Ibarz V, y León R. (2004) La psicología individual de Alfred Adler y la Psicosíntesis de Olivér Brachfeld. Revista de Neuro-psiquiatría, 67(1-2), 31-44.
SupercampeonHD1 (2012) Super Campeones Capitulo 001 Audio Latino [Completo]. Recuperado de www.youtube.com/watch?v=O7s-ScCZvGw



[1] Entre 90 y 120 metros de longitud, y entre 45 y 90 metros de anchura. (Fifa, 2012, p. 7)
[2] Una vez, estando en la calle, tuve oportunidad de escuchar a un niño de entre 4 y 5 años contándole este sueño a su padre: “soñé que era mi cumpleaños y que me hacían una fiesta, pero ya sabía que no era mi cumpleaños”. El niño revela su deseo: fiesta, regalos, dulces, crecer, etc.
[3] Aún con las adecuaciones que la Fifa permite a la cancha y reglamento cuando se trata de personas con discapacidad (Fifa, 2012), estrictamente hablando, una persona sin ambas piernas no puede jugar futbol (foot-ball).

jueves, 19 de junio de 2014

Psicopatología de la vida futbolera: Óliver Átom (Parte II)

Por otro lado, además de sus rasgos autísticos (entre los cuales sobresale la relación de Óliver con su balón, al más puro estilo del “objeto transicional” de Winnicott) y desafiantes, son observables en Óliver signos narcisísticos claros (ya habíamos comentado un poco que el protagonista antepone su deseo al de el otro). Cuando parte en el camión de la mudanza, aparece una niña corriendo tras él gritando el nombre de Óliver (evidenciando el aprecio que por él experimenta), y él sólo le responde, sin nombrarla: “¡Adiós, despídeme de todos!”. Frente a la empatía mostrada por ella, Óliver responde con un mensaje objetivante: la utiliza para hacer algo que él no se tomó la molestia de hacer, “despedirse de todos”.

Una característica recurrente de los personajes protagonistas de las caricaturas japonesas (como Óliver de Súpercampeones, Gokú de Dragon Ball, o Seya de Caballeros del Zodiaco), es que suelen emocionarse ante la presencia de un oponente complicado. Parece imposible que resistan este tipo de desafíos, y aceptan gustosos las contiendas. Pensando esto a la luz del narcisismo, podríamos interpretar esto como un deseo de eliminar a aquel que podría robar la admiración de los otros. En muchas de estas series, el oponente poderoso, tras ser vencido por el protagonista, termina uniéndose al equipo de éste y reconociéndolo, finalmente, como su líder (como sucede con Benji y Steve de Súpercampeones, Pícoro y Vegueta de Dragon Ball, y Ioga, Shiru e Ikki de Caballeros del Zodiaco), con lo cual el narcisismo del protagonista no puede menos que robustecerse.

En Óliver, este narcisismo podría estar explicado, quizás, por la ausencia del padre:
Todo niño, para poder sostenerse en la vida, necesita estar en el deseo de alguien especial (alguien como un padre) que sea capaz de desearle que viva de acuerdo con su propia diferencia, capaz de reconocer lo incomparable que habita en él: en ese niño único. (Leal, 2011, p. 103)

Si no está presente la figura de identificación (por la cual el niño experimenta la admiración-envidia de sus cualidades), no queda otra opción que realizar, digámoslo burdamente, una identificación con uno mismo; o siguiendo al Freud de Introducción al narcisismo, si en lugar de la búsqueda de objeto para el depósito de la libido se dirigen todas las pulsiones al yo, tenemos un narcisismo patológico. Átom se admira a sí mismo, y al igual que con los protagonistas de caricaturas antes mencionados, podemos observar francamente en él la imposibilidad (inherente a todo ser humano) de admirar a alguien sin envidiar las dotes que dan origen a esa admiración[1].

Continuamos el próximo jueves.


Psic. Juan José Ricárdez.



[1] Tema que abordamos más ampliamente en dos partes, en las entradas del 4 y 12 de abril de 2013, tituladas La envidia. http://psicotidianidades.blogspot.mx/2013/04/la-envidia-i-de-ii.html y http://psicotidianidades.blogspot.mx/2013/04/la-envidia-ii-de-ii.html respectivamente.